“Cada vez que bato un récord mi reacción es de horror”. Gerhard Richter, el artista europeo vivo más cotizado, retrata su desconcierto.Lo hace en una extensa pieza que le dedica el periódico alemán Die Zeit. El pintor alemán, a sus 83 años, se queja del mercado, de la especulación que sufre su trabajo, de que cada vez se habla más de dinero y menos de arte y de lo poco que incluso él, una figura mundial, puede hacer para evitarlo.
Un coleccionista privado pagó 41 millones de euros en Sotheby's por el cuadro de la serie 'Abstraktes Bild' que se ve en la imagen. Foto: Sotheby's.
La gota que ha colmado el vaso ha sido la venta en Sotheby’s Londres de una tela de su serie Abstraktes Bild, fechada en 1986, por 41 millones de euros. Un precio que según el propio pintor multiplica por 5.000 el coste original de venta. Richter cree que pagar esa cantidad de dinero por su trabajo es absurdo y que los precios por sus obras se caerán “cuando el mercado se enmiende”. ¿Será así? Ni siquiera el pintor alemán, que reconoce en la entrevista saber tanto del mercado del arte como de “chino o física”, lo ve muy claro. Todo lo contrario.
Ha tratado de enfriar sus propios precios y no lo ha conseguido. Hará un par de años lanzó una serie de cien pinturas de pequeño formato y precio reducido. Al poco tiempo, ya estaban en subasta y se revendían por el triple del coste original. “No puedes escapar del mercado”, observa Gerhard Richter. Tampoco el statu quo del sistema le facilita mucho las cosas. Hace poco había fijado en 2.000 euros una edición nueva de sus fotografías, pero un galerista le dijo: “No puedes venderlas a ese precio, al menos tienen que estar entre 10.000 y 20.000 euros”. Algo así como si vendes muy caro estás obligado a seguir vendiendo muy caro.
Sin duda no deja de ser revelador acerca de cómo funciona estos días el mercado que incluso un artista de su fuerza no pueda, aunque se lo proponga, hundir sus propios precios. Aun así, la fuerza del mercado y las subastas resulta innegociable. “Es muy preocupante, sobre todo cuando echas un vistazo a los catálogos. Siempre me los mandan y cada vez son peores y peores. No puede imaginarse la cantidad de basura que ofrecen a unos precios que suben todo el tiempo”, critica el pintor. Las consecuencias de todo esto las sufren “las galerías serias” y los artistas jóvenes. Desde luego, con estas perspectivas está lejos de ser coleccionista. “No me gasto dinero en arte”, sostiene. “Me gusta ver pintura, pero para eso voy a un museo. No tengo la necesidad de poseerla”. ¿Quién le culpa?
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